En nuestra infancia, a muchos de nosotros no nos incentivaron el hábito de escribir, de llevar un diario, de llevar una secuencia por escrito de nuestro día a día, de nuestras actividades, oficios, aprendizajes, hábitos. Más bien, esto se veía como fuera de orden en la educación convencional que muchos recibimos.
Y aquí viene la gran pregunta: ¿Cuántos de nosotros rompimos esta y varias o muchas reglas que creíamos inquebrantables?